domingo, 5 de noviembre de 2006
Sadam Husein condenado a morir en la horca. Me dan escalofríos y no es porque estemos en noviembre. Morir en la horca. La humanidad, en pleno siglo XXI, dando a luz titulares propios de hace siglos, volviendo a la prehistoria. Qué poco avanzamos, por mucha tecnología que pretendamos poseer. La maquinaria del Estado, del pobre, frágil, intervenido Estado irakí cayendo en los mismos errores de siempre. Yo hoy siento frío. Y no es porque llueva en la calle -y dentro de casa-, el día sea triste y sea noviembre.
miércoles, 1 de noviembre de 2006
Noviembre, otra vez. Como cada año. Este empieza con sol, calentito, incluso. Pero a mi se me empieza a colar el frio por los huesos. El frío que llegará, poco a poco. Ojalá tenga mucho trabajo, muchas cosas en la cabeza y no pueda pensar en noviembre, en sus fechas, en sus días, en sus efemérides. Con lo ternita que ando, noviembre no es buen mes. Y luego, de golpe, como en un tobogán, caer en diciembre y sus parafernalias. En Madrid ya están colgadas las luces, aún apagadas, pero ya colgadas. Cada año antes, cada vez más en noviembre. No me gusta noviembre.
domingo, 15 de octubre de 2006
viernes, 13 de octubre de 2006
¡¡¡Qué bien lo cuenta Millás -claro- en la Última de EL PAIS!!!. Antes de lo de Corea, el mundo ya estaba jodido. Pero nos empecinamos en insistir en la condición de tirano loco y egocéntrico de su mandamás. ¿Tal vez para intentar autoconvencernos de que los mandatarios del resto de los paises que conforman el selecto club de la bomba atómica son demócratas humildes?.
miércoles, 11 de octubre de 2006
Y sí....
Hace años había una revista que titulaba una sección con la frase "Qué hubiera sido de mi vida si....", que contenía siempre una historia truculenta, enviada presuntamente por una lectora, en la que la chica cogía la calle en vez del parque, sufría una violación, se enamoraba del tipo y acababa teniendo un hijo, siendo una desgraciada y sola.... más o menos.
Intrépida, siempre me negué a formular esa pregunta, para lo que me armé desde siempre de la suficiente responsabilidad para aceptar las consecuencias de lo hecho. Una cosa necesita de lo otro.
Por eso, en esta situación en la que todo ha quedado en el aire, no puedo más que sentirme frustrada y, por tanto, profundamente triste, cuando no ansiosa. Y mira que sé cuál hubiera sido el resultado, desastroso, pero la incertidumbre impide cerrar historias, pasar página y sonreir.
Me habría hecho "ferrarista" acérrima, habría aprendido las virtudes del chip, me habría informado sobre las ventajas terapéuticas de uno u otro tratamiento del carcinoma de partes blandas, igual que habría aprendido la mezcla exacta necesaria para conseguir el mejor hormigón, si se hubiera dedicado al hormigón....
Pero no me dejó. Le eché con mis mimos, según dijo. Y él me echó a patadas. "Ñoñerías", así llamó al último puntapie. Y aunque sé cuál hubiera sido el resultado, no puede dejar de preguntarme, inúltimente, "y sí....". Y así me quedo, frustrada y triste, "ternita", como dice mi amiga Greta.
Hace años había una revista que titulaba una sección con la frase "Qué hubiera sido de mi vida si....", que contenía siempre una historia truculenta, enviada presuntamente por una lectora, en la que la chica cogía la calle en vez del parque, sufría una violación, se enamoraba del tipo y acababa teniendo un hijo, siendo una desgraciada y sola.... más o menos.
Intrépida, siempre me negué a formular esa pregunta, para lo que me armé desde siempre de la suficiente responsabilidad para aceptar las consecuencias de lo hecho. Una cosa necesita de lo otro.
Por eso, en esta situación en la que todo ha quedado en el aire, no puedo más que sentirme frustrada y, por tanto, profundamente triste, cuando no ansiosa. Y mira que sé cuál hubiera sido el resultado, desastroso, pero la incertidumbre impide cerrar historias, pasar página y sonreir.
Me habría hecho "ferrarista" acérrima, habría aprendido las virtudes del chip, me habría informado sobre las ventajas terapéuticas de uno u otro tratamiento del carcinoma de partes blandas, igual que habría aprendido la mezcla exacta necesaria para conseguir el mejor hormigón, si se hubiera dedicado al hormigón....
Pero no me dejó. Le eché con mis mimos, según dijo. Y él me echó a patadas. "Ñoñerías", así llamó al último puntapie. Y aunque sé cuál hubiera sido el resultado, no puede dejar de preguntarme, inúltimente, "y sí....". Y así me quedo, frustrada y triste, "ternita", como dice mi amiga Greta.
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