sábado, 23 de febrero de 2008

En la última semana he ido a la peluquería, me he gastado lo que no ¿puedo? ¿debo? gastarme en ropa y hoy, como si de un tsunami se tratase, he limpiado los armarios del baño. ¿Cómo he podido guardar tantos botes, a medias de maquillaje, en crema, en polvo, coloretes, barras de labios, máscara de pestañas....? He llenado una bolsa de basura. Y todavía no he acabado de airear armarios y cajones.
Limpio mi casa y me limpio a mi misma. Tal vez signifique algo.
No obstante, esta mañana, mientras preparaba la carne y el pescado para congelarlos y tener comida para los próximos fines de semana, me han asaltado unas ganas enormes de llamar a los niños y reirme con ellos. Es la primera vez que me pasa en la última semana. Y por eso he subido a escribir y seguir con la limpieza.

P.D. Tengo cierto cargo de conciencia por el cargo -valga la redundancia- en la tarjeta de crédito. Cualquier frase de descargo -¿otra redundancia?- será bienvenida.

jueves, 14 de febrero de 2008

(Este texto no es mio, pero me pareció lo suficientemente ingenioso como para compartirlo. Espero que el autor no me exija el canón digital)

"Mañana se celebra la fiesta de San Valentín, un tipo del que no sabemos demasiado. Todo parece indicar que fue un sacerdote romano, nacido a mediados del siglo III, que alardeaba de casar a los cristianos en secreto en tiempos en que la religión cristiana estaba proscrita y los matrimonios expresamente prohibidos porque disuadían a los jóvenes de entrar en la milicia. El emperador Claudio II lo mandó ejecutar en el año 270: le azotaron, le molieron a mazazos y después le decapitaron. Por bocazas.

Fue el Papa Gelasio I, en el año 498, quien eligió el 14 de febrero para celebrar la festividad de San Valentín. Probablemente pretendía con ello cristianizar una fiesta pagana, de tradición romana: las Lupercales. Esta era una fiesta dedicada a la fecundidad, en la que las personas estériles o con problemas para tener hijos sacrificaban animales, se untaban con su sangre y luego se iban a *&/#·@ºar como posesos. Bueno, pos eso: sexo, sexo y más sexo. Gelasio habría tratado de prohibir esta celebración en el año 494 y como nadie le hiciera mucho caso, cuatro años después decidió fagocitarla haciéndola cristiana. Que bien está lo de *&/#·@ºar, pero siempre dentro del matrimonio.

Aunque también hay quienes aseguran que el tal Gelasio eligió esta fecha para encubrir otra orgía de origen celta, arraigada en el norte de Europa, y que celebraba la época de emparejamiento de los pájaros (otra vez sexo). Tratándose de pájaros, quizá el Gelasio de marras tratara de matar dos pájaros de un tiro.

Fuera como fuere, mañana se cumplen 1510 años -y ya son años- desde que se entronizó la festividad de San Valentín, un santo que, como todo el mundo sabe, hoy es el patrón de El Corte Inglés.

Y como mañana es San Valentín, vamos a emitir la canción que mejor representa esta fecha en todo el mundo. Una canción compuesta por Richard Rodgers y Laurenz Hart en 1937, que pronto se convirtió en un standard: My funny Valentine. En el año 1952 el trompetista y cantante Chet Baker grabó una versión que es todo un derroche de sensibilidad y dulzura, que vais a tener el lujo de escuchar hoy. (Nota de Gwen:en cuanto sepa cómo adjuntar el archivo de sonido, la añado)


Esta emisión está dedicada:

A los amantes del amor (Truffaut dixit);

A los que aman y son amados;

A los que aman y no son amados;

A los que no aman y son amados;

A los queridos y a los malqueridos;

A las queridas porque ellas son las otras y en el reino de la posmodernidad la alteridad es un mérito;

A las peras que aman a las peras, a las manzanas que aman a las manzanas, a las peras que aman a las manzanas, viceversa;

A los plátanos que aman a las piñas y a las fresas; a los cocos que aman a los mangos; a los tríos de peras, ciruelas y melocotones; a todo tipo de dúos, tríos y cuartetos, porque la diversidad siempre enriquece;

A los que se quieren a si mismos, porque Narciso también tiene derecho al Paraíso;

A los que no quieren a nadie porque sin saberlo cargan con el infierno en vida;

A los que hirió el amor (Pedro Ruy Blas, dixit);

A los que salvó el amor;

A los que tiene lejos a su compañero/a; a quienes lo tienen cerca...

Y, por encima de todos, a Valentina, y con ella a Locomotoro, el Tío Aquiles y el Capitán Tan, que forman el Cuarteto de Alejandría de nuestra infancia.

Va por todos ellos..."

viernes, 1 de febrero de 2008

Esta mañana, en el anden de metro, un chico con pinta desarrapada, sonreía mientras esperaba el siguiente tren. Andaba algo despeinado, el jersey, de marca, estaba arrugado, los pantalones también, los zapatos sin brillo, una incipiente barba algo descuidada, una cazadora, un portafolios y su sonrisa, media, mientras paseaba arriba y abajo del anden, esperando el siguiente tren.
Algunos nos quedamos mirándole, con cierta perplejidad. ¿Sonreir sólo?. ¿Sonreir solo?.

jueves, 31 de enero de 2008

¿2ª etapa? Ha pasado mucho tiempo, muchas cosas... y de pronto me he visto con ganas de volver a escribir. No sé lo que contaré, no sé de qué hablaré, no sé si continuaré lo que empiezo hoy. Todo eso tendrás que averiguarlo tú, viajero anónimo -o no- de este espacio lleno de "diarios sin candados". Que la fuerza te/me acompañe.

lunes, 24 de septiembre de 2007

En cualquier otro momento, habría sentido a la culpa sobre mi pecho. A veces, a ratos, intenta aparecer, pero yo la evito, con un requiebro de cintura, con un pequeño pase de pecho, apenas adornado.
Son varios meses de estar juntos sin estar juntos. Nos hemos creído nuestra historia... o eso pienso a veces. Otras creo que es verdad, que de verdad lo que decimos es lo que sentimos. Lo creo porque yo no miento cuando lo digo, al menos eso creo. Y él siempre me dice la verdad, eso dice.
"No puedo querer a nadie", "no puedo enmorarme de ti y me gustaría". Así que le tranquilizo, no es amor, es camaradería, buena compañía, unas risas y sexo. Poco a poco hemos conocido nuestros cuerpos, casi, y ya sabemos lo que tenemos que hacer para gustar y gustarnos.
"No puedo quererte". Y yo me siento tranquila y perdonada por el hecho de pensar en otro cuando me toca, o imaginar cómo sería ese beso en otra boca. Esa frase me disculpa de no echarle de menos cuando no está y de dejarme llevar por las palabras de otro, envueltas con misterio, con morbo.
Anoche, de pronto, el corazón me dio un vuelco. En medio del sudor, del vaiven, de las caricias, de la saliva y del placer, me pidió exclusividad. Luego rectificó, rápido, como si se le hubiese escapado sin querer.
No hemos vuelto a hablar del tema. Es tabú. Me ha despedido en la estación con un beso y yo le he sonreído, como si anoche no hubiera pasado nada.
free web counter