Llegó a casa cansada, como siempre. Subió a su habitación, se quitó la ropa, se lavó la cara y se puso su bata de seda, anudada a la cintura. Se tumbó en el sofá dispuesta a ver lo que fuese que pusieran en la tele. Una serie, como tantas otras, comenzaba mostrando a un tipo que cortaba unas hojas secas de tabaco para hacer un cigarro puro. Entonces decidió darse el capricho. Lo preparó todo. Un vaso de boca ancha lleno de hielo, un chorreón de ron haitiano, puro coñac, el cortapuros, la caja de cerillas, el cenicero y un puro habano. Lo movió entre sus dedos cerca del oído, lo olió y decidió que estaba en su punto. Abrió el cortapuros, introdujo la punta y cortó, rápido y seco. Luego lo humedeció entre los labios y encendió el cigarro. Aspiró el humo y dejó que le llenase la boca, que le llegase hasta la garganta y le subiese un poco hasta la nariz. Después expulsó el humo en volutas que la rodearon. Dió un trago al vaso. El ron le refrescó la boca y le calentó el estómago. Una nueva calada corta, seguida de otras dos más largas, al puro. Un suave picor en la punta de la lengua y luego el sabor llenándole la boca otra vez. El segundo trago de ron empezó a hacerle efecto. Las rodillas empezaron a hacérsele como de espuma y la sensación le subió por los muslos. Empezó a sentirse bien. El humo de un intenso olor la rodeaba, mientras volvía a chupar el cigarro, dándole vueltas entre los dedos. Sintió calor. Se acarició el cuello. Desde la base de la nuca hasta la clavícula, luego el hombro. Otro trago de ron, ahora más suave por el efecto del agua derretida. Se desperezó en el sofá, voluptuosa. Se sentía bien, sí. Entonces sonó el teléfono. Trabajo. Citas, cuestiones pendientes, compromisos, tareas... Cuando colgó volvió al sofá, pero el puro se había consumido en el cenicero y el ron se había disuelto definitivamente en el hielo derretido. Recogió las cosas, apagó la luz y se fue a dormir. Después de todo, al día siguiente había que madrugar. Ya vendrán tiempos mejores. Seguro.
domingo, 28 de noviembre de 2004
Es curioso como las cosas que nos pasan, que nos separan físicamente, nos unen más. Nunca hasta ahora habíamos estado tan pendiente unas de otras. Nunca antes la vida nos había colocado a todas tan lejos, tan en el borde de la vida. Y sin embargo, ahí estamos, juntas, unidas, tan unidas. Es como si cuando estamos juntas tuvieramos que transmitirnos todo el cariño, el apoyo y el amor que vamos a necesitar cuando no estemos. Como cargar baterías. Nunca hemos sido tan sinceras, tan cariñosas, tan amigas. Siento que hemos madurado tanto. Estructural, no coyuntural.
Me llama para contarme que ha terminado con ella. Y no puedo evitar alegrarme. ¡Qué desazón, qué mala conciencia!. ¿Por qué me siento así?. Resentimiento. El resentimiento sólo se cura con la venganza, el olvido o el perdón. ¿Qué es esto?. No tengo nada que perdonar, pero es cierto que no lo he olvidado. ¿Es esto venganza? Él y yo somos amigos, sin derecho a nada más, porque no funciona. Lo que tenemos me gusta, ¿por qué entonces me alegro de su ruptura?. Es como si le recuperase sin obstáculos, sin tener que guardarle a ella su sitio. Pero tampoco es cierto, no del todo. Él nunca fue mío en exclusiva. Le compartía con tantas... ¿Qué significa esto?.
jueves, 25 de noviembre de 2004
En ocasiones, es difícil mantener la cabeza fría y no dejarse llevar por el brillo de las bambalinas que te rodean. Crea cierta ansiedad, que hay que sobrellevar, tener que estar atenta para ver que no es oro todo lo que reluce. Cuando estás en ciertos sitios te crecen amigos por todas partes, gente que te dice que siempre te quiso, que siempre te tuvo en la mejor consideración, que te lo dicen ahora, pero que ya lo pensaban de antes. Eso halaga, pero hay que saber distinguir el polvo de la paja.
Mi problema es que soy demasiado ingenua, a veces, y como lo sé, me vuelvo, por reacción, demasiado desconfiada. Tengo que hacer ejercicios de mentalización para poner a cada uno en su sitio, ni muy arriba, ni muy abajo. Justa. Tengo que saber a quién me debo, con quién he firmado mis compromisos virtuales, esos que se basan en la confianza mutua, que se ratifican con una simple mirada mientras se toma un inocente café. Debo tener siempre claro que las relaciones, las de verdad, se basan en una inquebrantable lealtad, que no servilismo, que implica la capacidad para decir con franqueza cuándo se equivocan y por qué. Y, consecuentemente, saber que cuando te lo dicen a ti lo hacen por lo mismo, porque no quieren otra cosa para ti más que verte hacerlo bien.
A veces, en la vorágine de las tareas cotidianas es difícil mantener la cabeza fría. A veces es complicado saber hasta dónde puedes confiar. A veces es decepcionante ver que ese apoyo recibido es tan interesado, tan mercantil.
Mi problema es que soy demasiado ingenua, a veces, y como lo sé, me vuelvo, por reacción, demasiado desconfiada. Tengo que hacer ejercicios de mentalización para poner a cada uno en su sitio, ni muy arriba, ni muy abajo. Justa. Tengo que saber a quién me debo, con quién he firmado mis compromisos virtuales, esos que se basan en la confianza mutua, que se ratifican con una simple mirada mientras se toma un inocente café. Debo tener siempre claro que las relaciones, las de verdad, se basan en una inquebrantable lealtad, que no servilismo, que implica la capacidad para decir con franqueza cuándo se equivocan y por qué. Y, consecuentemente, saber que cuando te lo dicen a ti lo hacen por lo mismo, porque no quieren otra cosa para ti más que verte hacerlo bien.
A veces, en la vorágine de las tareas cotidianas es difícil mantener la cabeza fría. A veces es complicado saber hasta dónde puedes confiar. A veces es decepcionante ver que ese apoyo recibido es tan interesado, tan mercantil.
martes, 23 de noviembre de 2004
"Amigo puede ser quien bien repara
en la musa o engendro que yo aporte.
Amigo, sí, es también quien me soporte,
pero amigo mayor es quien me ampara".
Amigo mayor (Silvio Rodríguez)
Gracias a todos los que, de un modo u otro, estuvísteis amparándome ayer. Gracias por los besos recibidos, las caricias y apretones de apoyo y cariño. Los de verdad y los virtuales, los que se quedaron en deseo e intención. Los de aquí cerquita y los que vinieron de muy lejos. Gracias por soportarme cuando no me lo merezco y por ampararme siempre. Gracias.
en la musa o engendro que yo aporte.
Amigo, sí, es también quien me soporte,
pero amigo mayor es quien me ampara".
Amigo mayor (Silvio Rodríguez)
Gracias a todos los que, de un modo u otro, estuvísteis amparándome ayer. Gracias por los besos recibidos, las caricias y apretones de apoyo y cariño. Los de verdad y los virtuales, los que se quedaron en deseo e intención. Los de aquí cerquita y los que vinieron de muy lejos. Gracias por soportarme cuando no me lo merezco y por ampararme siempre. Gracias.
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