Hoy hace un año que empezó la tortura, aunque no fui consciente de ello hasta varias semanas después. Fue el primer signo evidente de sus mentiras -o el segundo- y el inicio de mis crisis. ¡Cuánto le quise!. ¡Qué insignificante es hoy!.
Un año, todo ha durado un año.
miércoles, 22 de octubre de 2003
Cuando estaba con él, cuando me llamaba y me invitaba a pasar horas con él, hablando, uno a cada lado de la barra, o en su casa, apoltronada en su sofá, comiendo un bocadillo a medias, mientras me contaba los avatares más íntimos de su vida, mi sensación de seguridad no tenía límites. Sabía a ciencia cierta que estaba allí, con él, porque él quería que estuviese allí. Su sinceridad, su terrible sinceridad, me impedía pensar que hubiese cualquier tipo de doblez en su actitud.
Desde que me he ido lejos me siento andando por una cuerda floja. Cualquier vacilación en su voz, cualquier murmullo extraño, hasta las interferencias en la línea de teléfono, me ponen en tensión y siento que le molesto, que le estorbo, que no me quiere ahí.
Me ha intentado tranquilizar varias veces. La última anoche, a las 5 de la mañana, cuando me ha mandado su mensaje salvador, el que me ha permitido conciliar el sueño: "Esto ya lo hemos acordado. O no!. Bienvenida. Besos. Buenas noches"
Sabía que su amor me produciría ansiedad, por eso lo he evitado. Ingenua.
Desde que me he ido lejos me siento andando por una cuerda floja. Cualquier vacilación en su voz, cualquier murmullo extraño, hasta las interferencias en la línea de teléfono, me ponen en tensión y siento que le molesto, que le estorbo, que no me quiere ahí.
Me ha intentado tranquilizar varias veces. La última anoche, a las 5 de la mañana, cuando me ha mandado su mensaje salvador, el que me ha permitido conciliar el sueño: "Esto ya lo hemos acordado. O no!. Bienvenida. Besos. Buenas noches"
Sabía que su amor me produciría ansiedad, por eso lo he evitado. Ingenua.
viernes, 10 de octubre de 2003
Dice que no tiene futuro y que es culpa mía. Llevan varios días intentando hacerme responsable de lo que no lo soy. Su actitud es tan infantil y tan injusta que me duele. Mi trabajo exige tomar decisiones, algunas dificiles, pero siempre guiadas por la buena fé y por un deseo ferviente de ser justa. Hoy me he sentido insultada, infravalorada, vapuleada y agredida. Espero no volver a dejar que las cosas lleguen a ese extremo.
jueves, 9 de octubre de 2003
A veces, la mayoría de las veces, somos fruto de nuestra educación, de nuestras costumbres. Una educación y unas costumbres tan enraizadas que pienso que se encuentran en nuestro código genético, de tanto repetirse.
Una de esas rémoras, secuelas o como queramos llamarla es la costumbre de no faltar jamás a un acto triste o luctuoso. Lo llamamos "cumplir" y todos, de un modo o de otro caemos en ello. Uno perdona que alguien no venga a su boda, pero jamás olvida que no estuvo en el entierro de su madre. Hay que estar en las penas; para las alegrías no hacemos falta.
Eso le pasó a una amiga mía el otro día. Su amiga se enfrentaba a un acontecimiento feliz, ella sabía que estaría rodeada de afecto, de cariño, de amigos y de enhorabuenas. Tenía dificultades para estar y pensó -quizá erróneamente- que su inasistencia pasaría inadvertida. Pero no fue así.Y ahora su amiga está molesta con ella.
Tal vez la amiga de mi amiga piensa que se olvidó, que no le dió importancia. Lo que ella no sabe es que esa mañana se despertó muy temprano y pensó en ella largamente; el hombre que ahora ocupa su mente dormía pesadamente a su lado y la abrazaba, y ella imaginaba lo que en ese momento su amiga estaría haciendo. Sentía sus nervios, su miedo, su inquietud. Estuvo pendiente todo el rato de los tiempos, controlando, intentando controlar, lo que en cada momento su amiga estaría haciendo. Llamó y llamó, hasta que le dieron la buena nueva. Y entonces se alegró por ella, se alegró mucho, muchísimo y deseó estar cerca para abrazarla.
Tal vez la amiga de mi amiga pase por aquí, lea esto, se reconozca en la historia y decida perdonar a mi amiga. Ojalá.
Una de esas rémoras, secuelas o como queramos llamarla es la costumbre de no faltar jamás a un acto triste o luctuoso. Lo llamamos "cumplir" y todos, de un modo o de otro caemos en ello. Uno perdona que alguien no venga a su boda, pero jamás olvida que no estuvo en el entierro de su madre. Hay que estar en las penas; para las alegrías no hacemos falta.
Eso le pasó a una amiga mía el otro día. Su amiga se enfrentaba a un acontecimiento feliz, ella sabía que estaría rodeada de afecto, de cariño, de amigos y de enhorabuenas. Tenía dificultades para estar y pensó -quizá erróneamente- que su inasistencia pasaría inadvertida. Pero no fue así.Y ahora su amiga está molesta con ella.
Tal vez la amiga de mi amiga piensa que se olvidó, que no le dió importancia. Lo que ella no sabe es que esa mañana se despertó muy temprano y pensó en ella largamente; el hombre que ahora ocupa su mente dormía pesadamente a su lado y la abrazaba, y ella imaginaba lo que en ese momento su amiga estaría haciendo. Sentía sus nervios, su miedo, su inquietud. Estuvo pendiente todo el rato de los tiempos, controlando, intentando controlar, lo que en cada momento su amiga estaría haciendo. Llamó y llamó, hasta que le dieron la buena nueva. Y entonces se alegró por ella, se alegró mucho, muchísimo y deseó estar cerca para abrazarla.
Tal vez la amiga de mi amiga pase por aquí, lea esto, se reconozca en la historia y decida perdonar a mi amiga. Ojalá.
martes, 7 de octubre de 2003
"... Y comprendía, ahora, que el hombre nunca sabe para quién padece y espera. Padece y espera y trabaja para gentes que nunca conocerá, y que a su vez padecerán y esperarán y trabajarán para otros que tampoco serán felices, pues el hombre ansía siempre una felicidad situada más allá de la porción que le es otorgada. Pero la grandeza del hombre está precisamente en querer mejorar lo que es. En imponerse Tareas. En el Reino de los Cielos no hay grandeza que conquistar, puesto que allá todo es jerarquía establecida, incógnita despejada, existir sin término, imposibilidad de sacrificio, reposo y deleite. Por ello, agobiado de penas y de Tareas, hermoso dentro de su miseria, capaz de amar en medio de las plagas, el hombre sólo puede hallar su grandeza, su máxima medida en el Reino de este Mundo"
Alejo Carpentier, El Reino de este Mundo, 1948.
Leí este libro buscando retazos de un país para el que llevo dos años trabajando. Llegué a ese trabajo por amor, así que puedo decir que llegué a ese país y a este libro guiada por ese sentimiento. He descubierto una prosa magnífica, una forma de engarzar las palabras mágica y una historia espectacular. Al menos algo bueno ha dado ese amor.
Alejo Carpentier, El Reino de este Mundo, 1948.
Leí este libro buscando retazos de un país para el que llevo dos años trabajando. Llegué a ese trabajo por amor, así que puedo decir que llegué a ese país y a este libro guiada por ese sentimiento. He descubierto una prosa magnífica, una forma de engarzar las palabras mágica y una historia espectacular. Al menos algo bueno ha dado ese amor.
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