viernes, 13 de agosto de 2004

I.
En los últimos días las noticias han sido tan contradictorias. El padre de una amiga ha muerto, el hijo de otra amiga ha nacido, una conocida se ha marchado definitivamente también. La vida y la muerte rondando, cerca, alrededor. Ningún vínculo entre esas personas, salvo su conexión más o menos cercana conmigo. Ni ellas se conocen, ni es previsible que lleguen a conocerse nunca, pero son la prueba palpable de que la vida sigue, aún a pesar de nosotros.

II.
Viernes, 13 de agosto, tres de la tarde y yo trabajando. Se acerca un puente, los que no estén de vacaciones en este país, que se paraliza totalmente en agosto, se estarán marchando a pasar estos tres días de asueto por ahí. Yo no. ¿Lo peor? Que no me importa, que me lo estoy pasando genial, que estoy disfrutando tanto. Jo, ahora que lo pienso: esto se parece mucho a estar de vacaciones.
Definitivamente, debo pedir cita con el psiquiatra...a la vuelta de sus vacaciones, claro.

lunes, 9 de agosto de 2004

La ciudad me ha recibido con su cara más gris. Es agosto, pero llueve. La ciudad está gris. Y el taxista sintonizaba una emisora de radio de la que salían canciones melancólicas, tristes. Las calles vacías, los pasillos del edificio desiertos, no he visto a nadie, no me he cruzado con nadie. Y, además, tengo que trabajar. No me molesta, me gusta, tengo la necesidad de trabajar, pero hoy el día no me ha recibido con alegria. Tal vez mañana...

viernes, 23 de julio de 2004



"No vives para la danza, sino que la vida te hace danzar. Se olvida que el baile no es un ejercicio, el baile es un estado anímico que sale a través de un movimiento. Por eso mi compañía está humanizada. Hay gordos y flacos, calvos, altas, con tetas gordas, sin tetas; es un pueblo que baila, no son bailarines que imitan a un pueblo. El baile no son los pasos, la danza es lo que hay entre paso y paso. Es como el toreo. Por eso bailar despacio descubre a los malos bailarines, como a los toreros los buenos toros".
(Antonio Gades: 1996)

sábado, 17 de julio de 2004

Aunque mi trabajo consiste en mediar, no es posible ejercerlo, convencer, hacer reflexionar a los demás, si no estás revestido de cierta autoridad. ¡Qué paradoja! Autoridad para mediar y componer. Pero no me refiero a la autoridad que se impone, la externa. Hablo de la que sale de uno, la que nace de la convicción de que lo que haces es justo y de que tú estás capacitada para hacerlo.
Mis amigos me lo habían dicho: "lo harás bien", me decían unos, "tú puedes hacerlo", me animaban otros, "nadie como tú podría hacerlo", hasta llegaron a decir los incondicionales.
La única que no me lo creía, que no pensaba así parecía ser yo.
Pero el otro día ví a esa chica mirándome a los ojos, confiando en mi, mientras yo le aseguraba que la apoyaría, que estaría con ella. Y me sentí bien, fuerte, segura. Y por primera vez irradié autoridad. Y los demás me escucharon, y empezaron a pensar que voy en serio, que, tal vez, a veces, la razón esté conmigo y yo lo sepa.
Empiezo a disfrutar con este trabajo.

jueves, 1 de julio de 2004

Jugar, disimular, llamadas, miradas, doble sentido, juego peligroso, mensajes. Incitante, excitante. ¿Merece la pena?. Me gusta, claro, pero no sé si merece la pena.
free web counter