lunes, 6 de septiembre de 2004

Simpática y radical. Así soy yo. Pues me gusta, tú.

viernes, 3 de septiembre de 2004

Ayer, cuando me desperté y encendí el móvil, el pitido del mensaje me anunció su llamada perdida en la madrugada. Sonreí. Como en los viejos tiempos. Cómo me enganché a su sonrisa, a sus palabras, a sus gestos, a su cariño. Cómo me desazonaba pensar que no me deseaba, que no le resultaba atractiva.
Hoy, que el deseo de la carne ha desaparecido, que sólo queda el inmenso cariño, la complicidad de habernos tocado, el conocimiento de las claves que sólo él y yo entendemos, todo ha vuelto a su cauce. Nunca debió ser de otra manera. O tal vez sí, tal vez fue necesario para llegar aquí. "Habibi, me encantó encontrarme tu llamada esta mañana. Besos. Warda".

miércoles, 1 de septiembre de 2004

Feminización de la pobreza. Menuda expresión. No significa que la palabra pobreza sea del genero femenino, que también. No, es que ahí donde haya pobreza, las más pobres son mujeres. Es como la Ley de Murphy. Toda situación, por muy mala que sea, siempre es susceptible de empeorar. Pues eso. Lo peor. Y digo esto porque hoy he oído una noticia que ha hecho que me acuerde de esta expresión. En una revista conocida Amenábar reconoce su homosexualidad. Era de todos conocido. Al menos, yo lo sabía. Pero es bueno, sobre todo para él, supongo, decirlo al mundo, con la cabeza alta. ¿Por qué no?. Y he pensado que, otra vez, son más ellos los que lo hacen. Y he pensado que llevan la delantera en esto también, porque la sociedad -todos nosotros- sigue dándoles más crédito, más comprensión, más poder a los hombres. Sería algo así como la feminización de la hipocresía, de la mentira, del que dirán, del miedo...

martes, 31 de agosto de 2004

No eres nadie, aunque te dice que lo eres todo. No tienes derecho a nada, ni una queja, ni un sollozo en su presencia. El lado amable, el reposo del guerrero. Silencio, no molestar. No dar motivos para el adios. Ningún reproche. Por dentro, señora de. Frente a los demás, sóla. Ni una réplica. Quieta. ¿Un minuto?. Vale. Todo por un minuto. Luego sola, siempre sola. En el pecado llevas la penitencia. Y siempre cerca del cielo con su mirada. Por su mirada. ¿Injusto?. Después lo pensaré. Ahora su mirada, su palabra. Su beso. Su adios, siempre su adios. Y siempre su retorno. Hasta que él decida que no hay retorno. Y yo muera. ¿Muera?. Nunca se muere. A veces, demasiadas veces, se vuelve a empezar.

martes, 17 de agosto de 2004

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