martes, 15 de marzo de 2005

Esta noche mis sueños han estado pintados de colores vivos, de piceladas duras, de imágenes de luz, de rayos y manchas. Oleo y trementina. Olores a exótico, mujeres desnudas en paisajes de palmeras, escenas de circos, trapecistas, bambalinas y burdeles, Berlín en 1910. La exposición de ayer, visitada en la intimidad se me ha colado en el subconsciente y me dejado perpleja y deslumbrada. Ahora sí que ya es primavera y no porque lo digan otros.

lunes, 14 de marzo de 2005

Esta vez quiso quedar conmigo para presentarme a su chica, esa de la que siempre dijo que era la mujer de su vida. Años después -avatares, tiempo, otros amores- han vuelto juntos. Ojalá les vaya bien, a pesar de que no pude evitar cierto desconsuelo, que se me fue pasando con las horas, mientras la conocía mejor y comprendía, de nuevo, como siempre, que él es mi amigo, uno de los mejores, tal vez, el mejor. Nada más, nada menos. Necesité un abrazo, necesité un lugar cálido donde reponerme de la confusión, de la conmoción que siempre me produce, pero no encontré el hueco. Al final, me abrazó él, mientras se felicitaba por tenerme como amiga, y, de nuevo tuve que rendirme a la evidencia de que eso que él y yo tenemos es demasiado valioso para ponerlo en juego por algo tan fútil como un capricho mal entendido. Como siempre.
Aquellos que no entendemos de combustiones, leyes termodinámicas y fusiones químicas nos creemos a salvo cuando percibimos que apenas nos han rozado el corazón. Entonces parece que nada ha pasado y que has vencido. E igual es así. No obstante, crea cierta desazón darte cuenta de que siempre, de un modo u otro, está en tu cabeza, que no se va, que no se acaba de ir. Es cierto que no piensas igual, que tu cerebro asimila su papel y su lugar, pero ahí está, de un modo u otro, siempre está. Aquellos que piensan que el sentimiento no es más que un juego de reacciones químicas comandadas por el cerebro, podrán decirme que estoy irremediablemente perdida. E igual es así.

viernes, 11 de marzo de 2005

Hace un año dolor y lágrimas mansas por el rostro. Hoy Gwendolin, simplemente, calla.

jueves, 10 de marzo de 2005

Pasajes de la Biblia
I. LLegamos al foro, abarrotado de gente y aparece el Gran Jefe, amparado en su barba blanca, con esa imagen de Moisés, y todos nos aprestamos a seguirle, como el pueblo judio, unos con más dignidad y galmour que otros, pero todos detrás. Esperamos y aparece el maná, blanco, con la imagen de una SAR, borbona y fea, nos deja su sonrisa-mohín torcido y desparece como una blanca paloma sobre tacones de vértigo -cómo han cambiado estas chicas-. Sólo algunos privilegiados han accedido al sanedrín. El pueblo de Moisés ha seguido el momento mágico detrás de un cordón de seguridad invisible formado por señoritas con uniforme minifaldero. Finalizado el acto transfigurador, Moisés agradece a su pueblo la asistencia, la comitiva, la compañía y la conversa. A todos, menos a esas dos, que se encuentran en el limbo, en la indefinición, en el "ni contigo ni sin ti". Para esas, se reserva el apelativo cómico, cariñoso, guasón de "zipi y zape". Y Moisés se convierte en Don Pantuflo.
II. "Tenemos un problema", le dice uno de los sumos sacerdotes a otro en presencia de Moisés y de una servidora. "Han llamado para intentar localizar a una de nuestras alumnas; escribió una carta al periódico y le han dado un premio". "¿Y cuál es el problema?. "El premio, en esencia, me lo han dado a mi". "¿Aceptáis sugerencias?, decid que no se le concedió la séptima convocatoria y se ha ido a una Universidad privada...y que la busquen allí". Moisés me mira raro. Glubs!!!!.
III. Moisés está dispuesto a recibirnos. Buscará un segundo de su tiempo, mientras prepara las Tablas de la ley, para escucharnos. ¿Escucharnos?. Qué va. Quiere vernos, a una más que a otra, parece. ¿Qué ocurriría si de pronto se viese obligado a ver a una y no a la otra, porque a la otra se le ocurre no ir?. Tal vez merezca la pena probarlo.
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