martes, 24 de mayo de 2005
¿Qué hacer cuando alguien a quien quieres miente sobre ti?. ¿Respondes y desmientes lo dicho?. ¿Te armas de orgullo y das la callada por respuesta, confiando en que los que te conocen no crean lo que oyen?. ¿El que calla otorga?. ¿Tu silencio hace que los que te conocen desconfien de su corazonada y crean en la mentira?. ¡Qué daño hace la maldita mentira! El peor dolor no es que mientan, no es que inventen y otros lo crean. El pero dolor es que la mentira venga de alguien a quien has querido, a quien no puedes dejar de querer por mucho afán que pongas en ello. Y te quedas sola, con tu dolor, con tu daño, con ese pinchazo en el pecho que te impide respirar. Y aunque afuera haga sol, tú te quedas en la penumbra, lamiendo las heridas, sin poder reaccionar ante lo injusto que es que aluien diga cosas de ti que no son, que no fueron, que no serán, porque tú no eres así, a pesar de lo que los mentirosos digan.
lunes, 23 de mayo de 2005
¿No habéis sentido alguna vez esa sensación de que gente, amigos que lo fueron de verdad, se han quedado tan atrás, tan lejos, tan fuera de vuestra vida que apenas los reconocéis?. Esa fue mi sensación el sábado. En el pequeño pueblo de mis vacaciones estivales se celebraba la primera comunión de los niños de nueve años. Una sola para todos, así que acude todo el pueblo. Todo el pueblo, como siempre. Es curioso mi pueblo, ese pequeño donde se criaron mis padres y abuelos. Tan religioso y cumplidor, las más veces por el que dirán; rígido en las costumbres y el más laxo que conozco en los asuntos de bajo vientre, que se comentan en el mercado y en las tiendas como de lo más normal. Curioso mi pueblo.
El sábado, en una ceremonia que duró casi dos horas, me encontré con que los padres y las madres de los niños protagonistas eran los de mi pandilla de adolescente, la primera, esa con la que empecé a llegar tarde a casa, con la que recorríamos ferias de la comarca, los que nos bañábamos en albercas por la noche, nos tomamos las primeras copas y sufimos las primeras borracheras, los primeros amores y los primeros desengaños, también las primeras risas. Sus hijos ya tienen nueve años y yo los sentí tan lejos. Me dió cierta nostalgia, supongo que por el tiempo pasado, que no fue mejor, no necesariamente, pero fue sincero, divertido, más limpio y, sobre todo, más sencillo.
El sábado, en una ceremonia que duró casi dos horas, me encontré con que los padres y las madres de los niños protagonistas eran los de mi pandilla de adolescente, la primera, esa con la que empecé a llegar tarde a casa, con la que recorríamos ferias de la comarca, los que nos bañábamos en albercas por la noche, nos tomamos las primeras copas y sufimos las primeras borracheras, los primeros amores y los primeros desengaños, también las primeras risas. Sus hijos ya tienen nueve años y yo los sentí tan lejos. Me dió cierta nostalgia, supongo que por el tiempo pasado, que no fue mejor, no necesariamente, pero fue sincero, divertido, más limpio y, sobre todo, más sencillo.
Hace tres años que incié este blog. Era mayo, víspera de feria y hacía mucho calor. Desde entonces he contado mis cosas, mis pensamientos, ideas y temores, mis miedos, mis luchas y, por supuesto, mis amores y desamores. A veces, me gusta mirar el archivo y ver qué pasaba por mi cabeza tal día como hoy hace un año o dos. Es curioso cómo cambiamos, cómo varía nuestro modo de ver las cosas, cómo aquello que tanto nos dolía entonces o que tanto nos alegraba o en lo que tantas esperanzas pusimos, ya no es, no existe o nos da risa. Tres años desahogándome, en cualquier caso. Y vosotros ahí, leyéndome y conociéndome un poquito más. Iniciemos otro año más, pues.
martes, 17 de mayo de 2005
¿Quieres el cargo?. No, hoy no lo quiero. No quiero tener que ser correcta y comedida y callarme lo que quiero gritar, no quiero entrar en el juego de quórums, mayorías y porcentajes. No quiero tener que renunciar a lo que soy y a lo que siento por mor de una supuesta política que no me interesa. O no tanto como para aceptar el reto.
El reto. Eso es lo que lo hace interesante. La posiblidad, la oportunidad de hacer algo por una institución que es madre y madrastra, que te genera amor y odio, cuando no indiferencia.
Hoy, cuando me lo ha preguntado, le he dicho que no. Y me he arrepentido después porque me gusta el reto, pero no así, no en estas circunstancias, no ante este no saber perder del que hace gala, no por una lealtad, seguramente, mal entendida. Hoy no. Y tal vez ya no haya opción de cambiar de opinión. Pero es que hoy el cuerpo y el ánimo me pedían decir no. Y lo he dicho.
El reto. Eso es lo que lo hace interesante. La posiblidad, la oportunidad de hacer algo por una institución que es madre y madrastra, que te genera amor y odio, cuando no indiferencia.
Hoy, cuando me lo ha preguntado, le he dicho que no. Y me he arrepentido después porque me gusta el reto, pero no así, no en estas circunstancias, no ante este no saber perder del que hace gala, no por una lealtad, seguramente, mal entendida. Hoy no. Y tal vez ya no haya opción de cambiar de opinión. Pero es que hoy el cuerpo y el ánimo me pedían decir no. Y lo he dicho.
jueves, 12 de mayo de 2005
Lealtades. Lo malo de las lealtades no es que te debas a ellas. Estas te crean ansiedad y angustia -como en el bolero-, pero por responsabilidad. Lo malo son esas que tú misma te creas, a veces de manera consciente y premeditada. Las que te echas a la espalda, muchas veces sin que nadie te obligue, son demasiado pesadas y díficiles de llevar. Como nadie te las ha impuesto, tú misma te pones el alcance y el límite. Y la ansiedad, angustia y desesperación -como en el bolero, pues- te las creas, igualmente, tú solita. Yo ando en este momento definiendo una de estas y no llego a conclusiones. A pesar de que cuando me paro a analizarlo no veo transgresión o traición en ninguno de mis actos, el corazón y el estómago no me dejan quedarme tranquila. Y yo me fio mucho de los vaivenes de mi corazón y de los espasmos de mi estómago. Quedar a comer con un amigo para hablar de nuestras cosas me parece el complot más grande y más ladino y felón de la historia. Tal vez deba dejar de pensar en ello y no dejarme paralizar por lo que nadie, más que yo, me he impuesto.
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