lunes, 12 de septiembre de 2005
domingo, 11 de septiembre de 2005
Hoy hace cuatro años que cambió el mundo. Esa frase ya es tópica. Para mi ocurrió. Tomé posesión de mi cargo y acabaron las angustias por la precariedad laboral. Evidentemente, como ocurre con las cosas importantes, no me di cuenta inmediatamente, pero sí sabía, en esa calurosa mañana de hace cuatro años cuando firmaba el papeleo, que ya todo iba a ser distinto. Hoy, cuatro años después, todavía siento los efectos.
P.D. Qué aburridos son los sábados por la noche!!!!.
P.D. Qué aburridos son los sábados por la noche!!!!.
martes, 6 de septiembre de 2005
De nuevo esa sensación, ese vacío en el estómago, como de vértigo, como de miedo. De nuevo el isomnio, como si, de repente, la calculadora saltase a mis sueños y me despertase con su click-click. Y las cuentas nunca salen de noche, si ya lo sé. ¿Quién me mandará meterme en esto? Es que no puede ser, no tengo medida. Y eso que ya dije que nunca más, que no estaba dispuesta a pasar por la sensación humillante que supone ir a pedir dinero a un banco. Si es que no vale una, se le pone cara de pobre, de pedigüeña, y, sin quererlo, ruega, cuando la situación ahora es otra, ahora soy fuerte, ahora regateo y todo. Una profesional. Pero las mariposas están en el estómago y no son por causa del amor, sino por causa del dinero. ¿Mariposas negras o de color verde euro?.
domingo, 4 de septiembre de 2005
La hospitalidad. Ese maldito sentimiento anclado en los genes, en el ADN, que te impulsa a admitir a gente en casa, darles tu comida, tu sillón, tu cama, si es necesario. Que te obliga a dejar el mejor bocado, el mejor sitio para desayunar, el mejor plato de la casa al visitante, ya sea uno que pasaba por ahí o tu mejor amigo.
Maldita costumbre, ancestral, árabe, que te ata a la palabra dada, pero que te obliga a aparetar los dientes y soportar la invasión, bárbara en todos los sentidos, y armarte de paciencia.
Como dice el dicho, las visitas, a los tres días, huelen, como el pescado. Paciencia, Gwnedolin, si has soportado una semana, puedes hacerlo dos días más.
Maldita costumbre, ancestral, árabe, que te ata a la palabra dada, pero que te obliga a aparetar los dientes y soportar la invasión, bárbara en todos los sentidos, y armarte de paciencia.
Como dice el dicho, las visitas, a los tres días, huelen, como el pescado. Paciencia, Gwnedolin, si has soportado una semana, puedes hacerlo dos días más.
viernes, 2 de septiembre de 2005
Una admira a los grandes sabios, aquellos que han dejado su huella intelectual en nuestra mente y nos han inculcado, de palabra o de obra, los principios que informan nuestra labor cotidiana. Son nuestro reflejo y nuestro modelo a seguir, a los que queremos parecernos, siquiera un poco.
Tener ese manuscrito en mis manos, con la letra inclinada hacia la derecha, el perfecto encuadre del texto en las marcas del folio, aunque algo inclinadas de derecha a izquierda, tocar la textura de la pluma, la tinta negra, me emocionó. Los folios escritos a máquina y corregidos a mano por el sabio me produjeron admiración, como quien mira una reliquia.
Esa admiración se torna tristeza cuando ves el declive del maestro, notas su voz y sus manos temblorosas, le ves titubear, vacilar, contestar a tus preguntas sin sentido, sin cohesión, abrumado y pequeño. Hoy he tenido esa amarga experiencia y no me ha gustado. Va a ser verdad que los genios deben morir jóvenes.
Tener ese manuscrito en mis manos, con la letra inclinada hacia la derecha, el perfecto encuadre del texto en las marcas del folio, aunque algo inclinadas de derecha a izquierda, tocar la textura de la pluma, la tinta negra, me emocionó. Los folios escritos a máquina y corregidos a mano por el sabio me produjeron admiración, como quien mira una reliquia.
Esa admiración se torna tristeza cuando ves el declive del maestro, notas su voz y sus manos temblorosas, le ves titubear, vacilar, contestar a tus preguntas sin sentido, sin cohesión, abrumado y pequeño. Hoy he tenido esa amarga experiencia y no me ha gustado. Va a ser verdad que los genios deben morir jóvenes.
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