Despúes de que él salió de su casa, ella miró a su alrededor. Su presencia estaba en todas partes y eso no era bueno. Había sido una semana fantástica, pero ya había terminado. Ella no podía permitirse el lujo de vivir de su recuerdo, con su recuerdo.
Tomó la decisión. Se arremangó, llenó el cubo con agua, cogió unos trapos y limpió. Limpió el suelo, las paredes, los cristales, las ventanas. Aireó la casa, quitó sábanas, cortinas, toallas. Raspó paredes, echó cal viva sobre ellas, pulió muebles y puertas.
Fue una tarea inmensa, sus ojos estaban rojos por los vapores del amoniaco, sus fosas nasales irritadas con el olor de la lejía y la cal. Pero lo consiguió: en unas horas, no quedaba ni rastro de él. A fuerza de trapos y agua, la semana pasada no existía.
Estaba tan cansada que se sentó en su mecedora. Los ojos se le cerraron y cayó en un ligero sueño, en un suave sopor. No fue un sueño tranquilo ni reparador. Se levantó de pronto, asustada; no sabía cómo, pero él se había mostrado en su sueño tan real que casi pudo tocarlo. Y lo peor era su olor, tan claro, tan rotundo, como si no lo hubiera expulsado de su casa hacía unos minutos.
Se frotó los ojos y entonces se dió cuenta de que unas gotas de sudor perlaban su labio superior. Se mojó los dedos con ellas y los acercó más a la nariz. Allí estaba él, tenue, pero perfectamente reconocible. Entonces entendió que el trabajo había sido en vano. Él estaba dentro de ella, en su cuerpo, en sus células, en sus flujos, en su piel, en su corazón. Y no conocía remedio casero alguno para echarle de allí.
lunes, 19 de enero de 2004
jueves, 8 de enero de 2004
Da igual cuánto tiempo haya pasado, que ya no te importe, que, incluso, tu corazón esté ocupado por otra persona. Conocer que alguien a quién amaste mucho compartía tu amor con otra mujer te hiere. Hiere tu orgullo y tu amor propio, te hace sentir idiota, porque tus palabras y tus gestos de cariño nunca fueron valorados como se merecían. Y eso ya lo sabías, pero tener la constancia clara y precisa hace daño.
lunes, 22 de diciembre de 2003
I ¿Qué pasa por la mente y el corazón de una persona cuando ve transcurrir los días sin que aparezca lo que desea?. Pones el corazón, el alma, la vida en una ilusión y esta se esfuma con unas simples palabras, de significado confuso, pero que tienen la virtud, la fuerza, el poder de romper la magia.
II Vives la vida queriendo ser honesta; honesta contigo misma y con los demás. Intentas no hacer daño a nadie, querer mucho a los que te quieren y ser feliz.
De pronto un día te echan en cara cosas que nunca hiciste, tareas que no incumpliste, palabras que no dijiste. Y aunque quieres defenderte, no puedes, porque tus compromisos siguen valiendo, al menos para ti, y no quieres defraudar a nadie.
La vida es muy injusta a veces.
II Vives la vida queriendo ser honesta; honesta contigo misma y con los demás. Intentas no hacer daño a nadie, querer mucho a los que te quieren y ser feliz.
De pronto un día te echan en cara cosas que nunca hiciste, tareas que no incumpliste, palabras que no dijiste. Y aunque quieres defenderte, no puedes, porque tus compromisos siguen valiendo, al menos para ti, y no quieres defraudar a nadie.
La vida es muy injusta a veces.
martes, 16 de diciembre de 2003
Hoy he tenido una de esas terribles noches/madrugadas de insomnio; esas en las que te despiertas a las 4 o las 5 de la mañana y no puedes dormir; pones la radio, intentas leer, y, entonces, el sueño te vence justo media hora antes de que suene el despertador, lo que hace que te muevas como un zombi el resto del día.
Hoy no podía permitirme eso, así que he hecho esfuerzos por no dormirme. A eso de las seis de la mañana, pensando en él, como siempre, le he llamado. Un sólo toque, por si dormía. Y él ha contestado. No dormía tampoco (él porque no estaba en su hora de dormir). Y con sus palabras me ha ido despejando, me ha invitado a salir de la cama y me ha dejado a la misma puerta de la ducha. "Que tengas un buen día, corazón". "Buenas noches, cielo".
Ay, señor. Cómo me gusta este hombre. Voy a bajar la guardia y me hará daño, me partirá el corazón y me hundirá en el dolor.
Pero no voy a pensarlo ahora. Hoy, por lo pronto, ha conseguido que saliera de casa, de noche, pero con una sonrisa. Y cuando he llegado al trabajo he admirado el rojizo amanecer desde mi ventana.
Hoy no podía permitirme eso, así que he hecho esfuerzos por no dormirme. A eso de las seis de la mañana, pensando en él, como siempre, le he llamado. Un sólo toque, por si dormía. Y él ha contestado. No dormía tampoco (él porque no estaba en su hora de dormir). Y con sus palabras me ha ido despejando, me ha invitado a salir de la cama y me ha dejado a la misma puerta de la ducha. "Que tengas un buen día, corazón". "Buenas noches, cielo".
Ay, señor. Cómo me gusta este hombre. Voy a bajar la guardia y me hará daño, me partirá el corazón y me hundirá en el dolor.
Pero no voy a pensarlo ahora. Hoy, por lo pronto, ha conseguido que saliera de casa, de noche, pero con una sonrisa. Y cuando he llegado al trabajo he admirado el rojizo amanecer desde mi ventana.
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