martes, 18 de mayo de 2004

Lo sé, tenéis derecho a decirme que estoy loca, pero es que he decidido volver. Después de unos cambios, he pensado que me gusta más recibiros desde aquí. Por favor, no dejéis de venir.
Gracias.

martes, 11 de mayo de 2004

Me mudo. Ya no me gusta esta casa, así que inicio una nueva aventura. Si queréis, podéis visitarme en El Blog de Gwendolin. Os espero

viernes, 7 de mayo de 2004



Me pides que te apoye, sin fisuras, que crea en ti y que no te juzgue. Trato hecho. Ni tengo derecho a hacer otra cosa, ni tengo intención. Lo que ocurre es que te ibas, sentía que te perdía y conocer esos hechos me lo confimaban. En el fondo sólo es que te echo de menos, que me gustaría estar más, que me da miedo perderte. Aunque sé que todo ha sido un mal sueño, una pesadilla, no puedo evitar que se me erice la piel, que me dé miedo siquiera imaginar que mi sueño se convierta en realidad.

jueves, 22 de abril de 2004

Ayer me encontré a N.T.. Es un chico muy majo al que acabo de conocer por motivos laborales. Iba muy elegante, con su traje de chaqueta gris oscuro, muy oscuro, su camisa blanca y una corbata en tonos rojos muy llamativa y favorecedora. Nos saludamos con un par de besos y eso me permitió apreciar su perfume, muy agradable. Nos despedimos en segundos, él siguió su camino y yo el mío, a casa.
Durante todo el trayecto me acompañó el olor de su colonia y todavía, largo rato después, cuando ya me había desmaquillado, lavado la cara, puesto el pijama y cenado, pude rememorar, con total claridad ese olor. Se me había quedado colgado de la pituitaria o de la memoria, no sé.
Eso me hizo reflexionar sobre ese curioso y desconocido sentido del olfato. Qué misterios encierra. Sólo en contadas ocasiones una es consciente de su poder, de su capacidad para traerte a la memoria situaciones, conversaciones, imágenes. Algunos supimos de su fuerza, cómo no, leyendo a Patrick Suskind.
¿Cómo sería nuestra vida sin olfato? No puedo imaginarla sin la colección de recuerdos asociados a olores que tengo en mi cabeza.

miércoles, 21 de abril de 2004

Hace ya catorce años, uno de los que le rodeaba se interesó por su salud. No se le veía bien. ¿Algún problema?. Él no contestó -siempre fue parco en palabras-, pero su cara y la languidez de su mirada fueron suficientes para que se decidieran a tomar medidas. Contrataron a los mejores especialistas, se hicieron los más exhaustivos análisis y el resultado fue concluyente: estaba gravemente enfermo. No se rindieron -no en vano era un símbolo- y decidieron luchar por él. La enfermedad atacaba sus tejidos y rompía los circuitos de conducción de los alimentos. Los daños, además, se encontraban en la parte más importante de su sistema. El tratamiento fue intenso: se sanearon las venas y arterias, se le facilitaron apoyos externos, incluso, se le conectó a un ordenador que controlaba los caudales aportados. Sin embargo, el verano pasado fue demasiado caluroso y su maltrecha salud sufrió en demasía. A pesar de haber contado con el mejor tratamiento aplicado por los mejores, no se ha podido evitar el desenlace fatal. Hoy los periódicos anuncian su fin: Hoy el árbol de Gernika ha muerto.


P.D. También han muerto hoy miles de niños azotados por el hambre y el sida. Lástima que para ellos no ha llegado un tratamiento eficaz como el del árbol.
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