domingo, 31 de octubre de 2004

Ausencias sin esperanza. Sin la posibilidad de retomar una charla, unas risas, un abrazo, un compromiso. Esas ausencias que te dejan con la angustia de no haberle dicho lo que querías decir. Sin la posibilidad de despedirte. Sin haberle podido demostrar que las esperanzas e ilusiones que pusieron en ti se cumplieron. Y se cumplieron porque ellos, los ausentes, han sido el motor para conseguirlo, para hacer que tu compromiso se mantuviera firme. Sin esperanza. Se van quedando en el camino y te van dejando un poco más sóla, aunque venga gente nueva que te dé alegrías e ilusiones y vida. Compensaciones de amor que no valen, porque un amor nuevo no suple al que se fue, aunque te ayuda a vivir. Vivir, seguir viviendo, porque no hay otro remedio. Y vivir con alegría. Por talante. Por fuerza. Como homenaje a mis ausencias.

viernes, 29 de octubre de 2004

Me hizo un gesto con la cabeza, invitándome a seguirle. Lo hice. Ya sabía lo que quería. Me cogió fuerte de la cintura, acercó su mejilla a la mía y empezó a guiarme. Bailábamos. "Feelings, nothing more than feelings, trying to forget my feelings of love". Quise concentrarme en sentir. Su olor, la textura de su mejilla que apoyaba en la mía, su mano fuerte en mi cintura. Temí que, si él hacía lo mismo, notaría mi corazón desbocado, pero también el calor de mi piel, como yo notaba el suyo a través de su jersey. Ni una palabra entre nosotros. Todos esperaban que la canción acabase para marcharnos, pero yo no quería que acabase. Quería seguir ahí eternamente, para siempre, sostenida en el aire, mantenida en un hilo. A veces cambiaba la intensidad del paso y para ello me abrazaba más fuerte, forzándome a seguirle. Si alguno de los que nos conocen nos hubieran visto.
Terminó la música. Nos separamos, sin una palabra. Yo sentí frío, el frío que se siente al salir de un calor agradable. Cada vez que estoy con él, el mecanismo de mis hormonas se dispara. Pero sólo somos amigos. Colegas. ¿Qué pensarán los que estaban con nosotros?. Hemos compartido plato y postre. Y nos hemos bebido a medias la copa. Pero eso es todo lo que compartimos. Recogimos nuestras cosas y salimos a la calle. Nos emplazamos para el martes. Un café antes de clase. Llegué a mi hotel y aún pude sentir su olor a mi alrededor. ¿Conservará él el mío?. ¿Qué pensará?. ¿Qué habrá sentido?.

jueves, 28 de octubre de 2004

Ocurrió. Lo que temía desde el principio ha ocurrido. Se ha fraguado la conspiración delante de mis narices y yo ni idea. Será porque no lo entiendo, porque no le veo el interés. Será porque yo no soy agente activo ni pasivo, no tengo ningún poder de decisión. Será, esencialmente, que me parece tan infantil querer liderar el vacío, el aire y la nada. Pero ha pasado. No sé cómo sentirme. En este momento cansada y deseosa de llegar a casa. Ya lo pensaré despacio y obraré en consecuencia.

martes, 26 de octubre de 2004

"Floor ladies". Eso dice la propaganda del hotel. Planta especial para la mujer ejecutiva. Llevo dos días buscando, por puritita curiosidad. Porque me surgen varias preguntas:
1. ¿Por qué una mujer necesita una planta epecial?
2. ¿Por qué la mujer ejecutiva?
3. ¿Qué necesidades especiales tiene la mujer ejecutiva frente a la mujer -la misma, incluso- cuando no viene aquí a trabajar, sino a veranear?. ¿Serán servicios para acicalarnos, cuidarnos, masajearnos o que nos masajeen?.
Como no sea un chulazo, no sé a qué se refiere la propaganda del hotel. Sigo investigando. Ya os contaré y si merece la pena, os daré la dirección del hotel. Palabra.

lunes, 25 de octubre de 2004

Me he desvelado. Son las 4.22 de la mañana y aquí estoy, desvelada. Con todo lo que tengo que hacer mañana. Lo sabía cuando me he metido en la cama a las 12 de la noche. Sabía que si algo me despertaba a medionoche, por poco que fuese, me iba a desvelar. La noche perfecta. Justo cuando menos falta me hace desvelarme. Mi cena de fruta me ha obligado a levantarme, como siempre. Y entonces la alarma de ese coche, impenitente, sonando una y otra vez, ha hecho el resto. Me he hartado de dar vueltas en la cama, pensando en mil cosas, dándole vueltas a todo, desde la maleta sin preparar hasta la nota sin terminar para la chica que limpia en casa. Desde su último mensaje hasta la llamada de Hatem, hoy a mediodía. Desde ese artículo que debo escribir, para el que el plazo ya se ha terminado hasta ese reglamento que debo redactar, porque también para ese el plazo era ayer. Harta de dar vueltas, he puesto la radio. Han detenido a un presunto etarra en Bilbao, hace apenas un par de horas. Bebo Valdés actúa aquí justo la semana que yo no estoy. Pero qué más da. De todos modos no habría ido a verlo. No me gusta ir sola a los sitios y, al final, me acomodaría y me conformaría con poner un disco y disfrutarlo en casa. Tal vez acompañando la música de un trago de ron; tal vez fumando un puro. Puro cubano, tú, mi acere.
Mira que sé que no debo hacerlo, que no debo pensar tanto, que de noche todo se ve peor. O tal vez más claro. Justo cuando estaba pensando que debo exigirle menos a la vida para que la vida no me decepcione tanto, cuando había llegado a la conclusión de que debía encontrar el equilibrio perfecto -no ser muy feliz a cambio de no ser muy desgraciada-, me he levantado de la cama y he preparado la maleta. Demasiado negro en mi maleta. Justo al contrario de lo que me ocurre en el verano, donde mi vestuario se llena de rojos, blancos, azules luminosos. En invierno mi vestuario es negro y gris. Me he dado cuenta y he metido algo de color. Colorterapia. No sé si surtirá efecto, pero, por lo pronto, voy a iniciar otra filosofía. Evidentemente, la felicidad no está donde la busco. No se trata de rendirse, es un ejercicio de supervivencia, no puedo estar pendiente de darme contra el mismo muro cada día, a cambio de algunas migajas, que no esconden nada. Lo peor es conformarse con las migajas. Hay que buscar en otro sitio. Hay que seguir buscando.
Las 4,37. Voy a intentar dormir un poco. Con todo lo que tengo que hacer hoy. Y al despertador no le queda mucho tiempo para sonar. Maldita alarma.
free web counter