II.
Ayer me pasé parte de la mañana visitando farmacias y centros de salud, buscando la píldorita esa del día después. Evidentemente, no era para mi. Lo que yo temo el día despúes, en esas circunstancias, no se cura con la pastilla. Además, yo nunca pondría remedio a eso, si es que ocurriese.
Me acordé de esas veces que, siendo más joven, daba mi nombre y mi imagen al botecito del pis en los laboratorios de análisis, porque a mis amigas les daba pudor. A modo de esponsor, vamos.
Él me lo agradeció. Y ella parece que se avergonzó cuando él se lo contó.
En realidad, todo fue extraño. Verle con ella, reírme con ella, saber tanto de él, incluso notar sus miradas, sin poder decir nada, disimulando la enorme confianza que tenemos. "En privado no eres tan modosita", me dijo en un aparte. Ese es nuestro trato, nuestro juego. Lástima que ande ahora suspendido. Nos hemos citado para dentro de unos días. "Ya veremos cómo te saludo entonces". Ya veremos.
miércoles, 8 de septiembre de 2004
¿Qué posibilidades hay de que, en una ciudad como esta, con miles de licencias, cojas dos veces el mismo taxi? ¿Y de que el taxista sea ese al que una noche de parranda le diste, en un acto de locura, la tarjeta de visita de tu trabajo cuando te pidió el teléfono para quedar contigo otro día? Uy, pues casi. ¡Qué susto me llevé!
lunes, 6 de septiembre de 2004
viernes, 3 de septiembre de 2004
Ayer, cuando me desperté y encendí el móvil, el pitido del mensaje me anunció su llamada perdida en la madrugada. Sonreí. Como en los viejos tiempos. Cómo me enganché a su sonrisa, a sus palabras, a sus gestos, a su cariño. Cómo me desazonaba pensar que no me deseaba, que no le resultaba atractiva.
Hoy, que el deseo de la carne ha desaparecido, que sólo queda el inmenso cariño, la complicidad de habernos tocado, el conocimiento de las claves que sólo él y yo entendemos, todo ha vuelto a su cauce. Nunca debió ser de otra manera. O tal vez sí, tal vez fue necesario para llegar aquí. "Habibi, me encantó encontrarme tu llamada esta mañana. Besos. Warda".
Hoy, que el deseo de la carne ha desaparecido, que sólo queda el inmenso cariño, la complicidad de habernos tocado, el conocimiento de las claves que sólo él y yo entendemos, todo ha vuelto a su cauce. Nunca debió ser de otra manera. O tal vez sí, tal vez fue necesario para llegar aquí. "Habibi, me encantó encontrarme tu llamada esta mañana. Besos. Warda".
miércoles, 1 de septiembre de 2004
Feminización de la pobreza. Menuda expresión. No significa que la palabra pobreza sea del genero femenino, que también. No, es que ahí donde haya pobreza, las más pobres son mujeres. Es como la Ley de Murphy. Toda situación, por muy mala que sea, siempre es susceptible de empeorar. Pues eso. Lo peor. Y digo esto porque hoy he oído una noticia que ha hecho que me acuerde de esta expresión. En una revista conocida Amenábar reconoce su homosexualidad. Era de todos conocido. Al menos, yo lo sabía. Pero es bueno, sobre todo para él, supongo, decirlo al mundo, con la cabeza alta. ¿Por qué no?. Y he pensado que, otra vez, son más ellos los que lo hacen. Y he pensado que llevan la delantera en esto también, porque la sociedad -todos nosotros- sigue dándoles más crédito, más comprensión, más poder a los hombres. Sería algo así como la feminización de la hipocresía, de la mentira, del que dirán, del miedo...
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