Hoy pensaba yo qué podría contar alguién de lo mio, por ejemplo, yo misma, en una lección inaugural de curso universitario. No es baladí la cuestión, no. Tienes que hablar durante una hora sin que el auditorio se te duerma, bostece, se retuerza en los incómodos asientos y se acabe marchando y maldiciendo haber aceptado la invitación para tan solemne rollo. El citado auditorio, además, es variopinto, y abarca todas y cada una de las ramas del saber... a saber, ciencias matemáticas, físicas, quimicas, sociales, jurídicas, letras, humanidades, filosofías y filologías varias. En fin, un batiburillo al que nos une que nos pagan los mismos a fin de mes por hacer y deshacer casi las mismas cosas.
¿Preparar una lección magistral? Porque debe ser amena, incluso divertida. Igual puede serlo. Como yo les cuento a mis alumnos, el derecho, en general, y el que yo conozco, en particular, da para ser mordaz, incisivo, irónico y simpático. Hay gente "pa tó", como decía el Guerra, el torero, no el otro, que también podría dar un discursito de esos.
En fin, que he llegado a la conclusión de que, afortunadamente, no tendré que dar un discurso de esos en mi vida, así que no debo preocuparme, que también son ganas de buscar problemas donde no los hay.
Me voy a casa, a concienciarme de que mañana durante una hora, un señor de óptica nos va a hablar de qué se yo. Igual es divertido y todo, aunque lo dudo. Llevaré en el bolsillo del traje de lagarterana (esa es otra) un ejemplar del sudoku ese, que me parece un juego enrevesado y diabólico, pero que hará que el tiempo pase más rápido. Ciao.
jueves, 29 de septiembre de 2005
Lo consiguió. Me crispó. Tanto que le he pedido al taxista que cambiase de emisora o que apagase la radio. ¿Cómo se pueden decir tantas mentiras? ¿Cómo se puede transmitir un mensaje tan antiguo, carca y falso? Esta emisora es la prueba de que, utilizando la libertad de expresión que se nos reconoce a todos, se puede salir al aire contando falsedades, una detrás de otra. El sistema beneficia al que lo desprecia. Ellos también critican eso cuando les conviene, pero se aferran a su pretendida libertad cuando se le echa en cara. Voy a tomarme un café con amigos. A ver si me tranquilizo.
miércoles, 28 de septiembre de 2005
Hace años tenía yo una pesadilla, de esas recurrentes que te dejan sin resuello y te despiertan más cansada de lo que te acostaste. El escenario era siempre distinto, aunque lo normal es que me ocurriese en el campo. Allí me pasaba las horas intentado levantarme, sin que las rodillas me respondiesen, blandas como mantequilla, imposible reaccionar, por más fuerza que hiciese. La impotencia y la rabia me despertaban con un sobresalto.
Curiosamente, las pesadillas desaparecieron, sin que yo fuese muy consciente de ello. Al cabo del tiempo, cuando me di cuenta lo anudé a los días en que le conocí. Él me hizo sentirme bien, importante, valorada, querida, deseada, me hizo ser feliz y, supongo que por eso, esa angustia desapareció.
Esta noche he soñado algo parecido; quería correr y no podía, las piernas no me respondían, la carrera era lenta, sin fuerza, aunque, a diferencia de aquellas pesadillas, yo estaba de pie y luchaba y lograba escapar. Lo malo ahora es que él no está, porque ya no está. Por estos días, desde hace cinco años, le echo de menos.
Curiosamente, las pesadillas desaparecieron, sin que yo fuese muy consciente de ello. Al cabo del tiempo, cuando me di cuenta lo anudé a los días en que le conocí. Él me hizo sentirme bien, importante, valorada, querida, deseada, me hizo ser feliz y, supongo que por eso, esa angustia desapareció.
Esta noche he soñado algo parecido; quería correr y no podía, las piernas no me respondían, la carrera era lenta, sin fuerza, aunque, a diferencia de aquellas pesadillas, yo estaba de pie y luchaba y lograba escapar. Lo malo ahora es que él no está, porque ya no está. Por estos días, desde hace cinco años, le echo de menos.
martes, 27 de septiembre de 2005
En las últimas horas he recibido sus muestras de afecto, más o menos, inocentes. Todos se alegran mucho de verme, todos me agarran de la cintura para darme dos besos, cada uno me dejó un mensaje en el oído. "Qué guapa estás", "me encantan tus correos de madrugada", "a ver si nos vemos más". No negaré que me halaga, pero creo que me paro antes de que sea inaceptable e irreversible. Me arreglo como cada día, porque me gusta estar lo mejor posible, dadas las circunstancias; mis correos no llegan de madrugada, otra cosa es que él los vea a esa hora; nos vemos lo que tenemos que vernos, porque nuestra relación es laboral. ¿Qué ven ellos en mi? Son hombres inteligentes y preparados, acostumbrados a tratar con mujeres también inteligentes y preparadas -a veces, más que ellos mismos-. ¿Ven eso cuando me miran?, ¿son capaces de distinguirlo?, ¿o pesa más la testosterona esa que los atontece?. Y, por supuesto, la pregunta del millón, ¿propicio yo todo eso?.
Cuando las ranas críen pelo
Cuando las ranas críen pelo....
Pues ya van por los ratones. Como dice mi hermano, si el rey y Botín son calvos, es que no hay solución.
Para lo que me queda en el convento....
Ayer, anonadada, asistí al espectáculo, baladí, pero significativo. De nuevo, yo me negué a entrar en el juego. Igual soy una boba, pero el dinero no es mío y no me parece bien que se gaste en mi.
Pues ya van por los ratones. Como dice mi hermano, si el rey y Botín son calvos, es que no hay solución.
Para lo que me queda en el convento....
Ayer, anonadada, asistí al espectáculo, baladí, pero significativo. De nuevo, yo me negué a entrar en el juego. Igual soy una boba, pero el dinero no es mío y no me parece bien que se gaste en mi.
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