jueves, 10 de noviembre de 2005
Ella es especial, sin duda. Un aura de paz, de inocencia, de ingenuidad la rodea. Vive en la mentira de la belleza y lo sabe, así que busca otros criterios para formar sus afectos. Le pregunto sobre el físico y siempre responde lo mismo. "No lo sé. Yo sólo te veo el alma" Y lo mejor es que estoy absolutamente convencida de que es cierto, de que está dotada de medios extras para reconocer lo de dentro, para no dejarse llevar por lo de fuera, para bien o para mal. Es una luchadora nata, una mujer sacrificada y dura, que puede conseguir lo que se proponga. La vida la ha puesto al límite demasiadas veces para que ella no sepa valorar cada gesto, cada risa, cada guiño, cada mirada, cada abrazo y cada sinceridad. Hoy ha entrado en este diario sin candado y se ha entusiasmado sabiendo que puede estar en contacto conmigo con una simple tecla, como si yo no supiese que siempre está conectada a mi, porque me tiene en la mejor parte de sus pensamientos. Me encantará verla por aquí más a menudo. No suple el encuentro personal, claro, pero los tés cibernéticos tampoco están mal. Bienvenida Elfo.
martes, 8 de noviembre de 2005
Por ahí no. Por ahí no vas bien. Si algo tengo seguro en esta vida son mis afectos, el origen y la causa de mis afectos. No soy ciega, veo los defectos, pero los perdono porque las virtudes los compensan con mucho, con muchísimo. Tu crítica a los amigos es ruín, falsa, falta de rigor y no voy a permitirla, no en mi presencia. Y me pides silencio y discreción. Tú, un recién llegado, sin ningún derecho previo más que algunas de tus conexiones, que no todas. Aún así, criticas lo sagrado y ahí no, ahí molesta y tú no tienes derecho a hacerlo. Lástima, tu incontinencia verbal y tu sectarismo te han hecho perder tantos puntos frente a mi. A tí te dará igual, lo sé, pero a mi no. Desde ahora pasas a engrosar la lista de conocidos a los que se sonríe por compromiso, por conveniencia, por educación. Y eso que me caías bien, pero por ahí no, por ahí no paso.
sábado, 5 de noviembre de 2005
Por fin sucedió. Casi tres años después de que los avatares del ciberespacio y su torpeza me obligaran a crear una cuenta privada, anónima, irreconocible, con un nick que reflejaba claramente cómo me sentía en ese momento, he borrado su nombre. Tres años esperando una respuesta que nunca llega. Es lo que tienen los cobardes y ruines que no tienen en cuenta el sufrimiento que esparcen a su alrededor, con su mirada inocente, esa de "¿he sido yo?". Cierto que ya hace meses que esa cuenta no sirve para que él me hable. Se ha convertido en un sitio divertido y picante. Y ahora también en un lugar de charla agradable. Por eso, esta tarde he procedido a borrar ese nombre, siempre en rojo, que se había convertido en parte del decorado.
Acostumbramos a despreciarlos, nos apartamos cuando están cerca, no soportamos su olor, su presencia sucia. Yo lo hago, lo reconozco, sin pensar de dónde vienen, qué historia ocultan, qué pasó para que acabaran tirados en la calle, cómo eran en su vida convencional, normal. Ayer, camino del trabajo me encontré con un grupo. Uno de ellos bebía a morro de una botella de alcohol que se acabó. Entonces se levantó, se dirigió a una papelera y la tiró allí. Más civismo y educación que muchos de los que nos vanagloriamos de ser ciudadanos de primera, insertados en el sistema. Me dió una lección el mendigo, la de no juzgar a nadie a priori. Voy aprendiendo.
miércoles, 2 de noviembre de 2005
No hay nada como un argentino adulador para alegrarte un duro día. "Funsionaria, casa propia, veinticuatro años... Vos sabés que el médico me resetó algo así?". Qué se puede hacer ante esto, sino sonreír. "Por qué trabajás tanto?. Para qué querés tanta plata?". Firmo los papeles y al marcharse, dos besos y de nuevo el coqueteo. "Cuándo es que vos salés a tomar una copa?". "Vendré a supervisar la instalasión de la caldera. Tengo tú teléfono, gallega".
Menos mal que quedé tan tarde con él. Al menos un día cansado, triste, decepcionante y largo ha terminado con una sonrisa.
Menos mal que quedé tan tarde con él. Al menos un día cansado, triste, decepcionante y largo ha terminado con una sonrisa.
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