sábado, 4 de febrero de 2006
¿Por qué excluir el amor impide la caricia? Después del fragor de la batalla un abrazo calma, la mano sobre el corazón ajeno desbocado lo detiene y lo sosiega. La caricia tenue de una mano grande y poderosa que se posa sobre la piel sudorosa la relaja y la vuelve de nuevo sedosa y dulce. Una boca en el cuello, que deposita un beso, te agradece el regalo. Las reglas son claras; por eso ser atento y agradecido es sólo eso, ser un caballero atento y agradecido, no un principe azul.
jueves, 2 de febrero de 2006
Una vez tomada la decisión, se nota cierta paz en el ambiente. Ahora se plantea una ir cerrando expedientes, ir redactando recomendaciones, dejarlo todo listo para la alternancia. Desde este instante hay que refinar la memoria y dejar sólo lo bueno. ¡¡¡He aprendido tanto!!! Sobre la institución, sobre la gente, pero, sobre todo, sobre mi misma. Ahora me conozco mejor, me tolero mejor, me acepto mejor. Nunca estaré lo suficientemente agradecida a aquel correo electrónico que llegó aquella tarde fría de noviembre.
viernes, 27 de enero de 2006
¿Que adónde me creo que voy?. ¿Que qué me creo que soy?. No tengo un concepto demasiado elevado de mi misma, es cierto, pero algunas cosas sí que sé, que me hacen sentirme orgullosa de ser como soy. Lo mejor de todo es que ni quiero ir a ningún sitio, ni me creo ser nada más allá de una persona que intenta trabajar bien, intenta ser honesta, intenta no defraudar a los que ponen su confianza en ella, intenta ser amiga de sus amigos, intenta ser justa, mejor, intenta no ser demasiado arbitraria. Fíjate que ni siquiera digo que lo sea, sólo que lo intento, con todas mis fuerzas, día a día, paso a paso.
Qué pena que la gente haga juicios de valor sin saber. Si yo hubiese estado allí, le habría hecho ver que no ofende quien quiere sino quién puede y que su crítica y desprecio cae en saco roto, porque yo soy conmigo misma bastante más dura de lo que nadie pueda llegar a serlo.
Qué pena que la gente haga juicios de valor sin saber. Si yo hubiese estado allí, le habría hecho ver que no ofende quien quiere sino quién puede y que su crítica y desprecio cae en saco roto, porque yo soy conmigo misma bastante más dura de lo que nadie pueda llegar a serlo.
jueves, 26 de enero de 2006
Yo que soy tan amiga del detalle, de la pincelada corta, meticulosa, de dar luz a la historia, de marcar la perspectiva y el movimiento, me descubrí ayer contando mi historia del último mes y medio (¿mes y medio, ya?, ¿sólo mes y medio?)a brochazos, gordos, llenos de pintura, feos, infantiles. En diez minutos escasos el escenario estaba dispuesto. Mi historia de mes y medio (¿mes y medio, sólo... ya?)quedó reducida a diez minutos. Y fue al mirarla de lejos cuando me di cuenta del esperpento, de lo ridículo que es el dibujo. Y me encontré embadurnada de pintura y con una brocha goteando en la mano, en vez de con la fina paleta y el juego de pinceles de pelos de crin de unicornio.
lunes, 23 de enero de 2006
Ya he contado antes en este mismo sitio lo que me gusta bailar, sobre todo con una pareja experta, que te lleva al son de la música, con la que es posible fundirse sin miedo a perder el ritmo. Por eso bailo tan mal con quien no sabe, porque me desconcierta y me lleva a trastabillarme, a tropezar, a descomponer la figura.
Cuando el partenaire escucha una música distinta a la que tú oyes e intentas acoplarte a su paso, el armonioso cuadro que forman la pareja que baila se transmuta en una parodia.
Cuando, además, ninguno de los dos miembros del dúo parece dispuesto a intentar escuchar la música que llega al oído del otro, la figura se convierte en un tira y afloja que acaba cayendo al suelo, con un ruido de tules estruendoso.
Entonces, parece que la única salida es levantarse, alisarse el frac y el vestido vaporoso y bailar solo, cada uno a su ritmo, dejando que sea el destino el que les una en la siguiente revolera.
Cuando el partenaire escucha una música distinta a la que tú oyes e intentas acoplarte a su paso, el armonioso cuadro que forman la pareja que baila se transmuta en una parodia.
Cuando, además, ninguno de los dos miembros del dúo parece dispuesto a intentar escuchar la música que llega al oído del otro, la figura se convierte en un tira y afloja que acaba cayendo al suelo, con un ruido de tules estruendoso.
Entonces, parece que la única salida es levantarse, alisarse el frac y el vestido vaporoso y bailar solo, cada uno a su ritmo, dejando que sea el destino el que les una en la siguiente revolera.
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